"La soledad del monclovita"

“Sánchez tiene las horas contadas; o mejor dicho, los escaños contados”

"40 años de Constitución"

“Con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución Española ”

"Más y mejor Europa"

“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.” (Winston Churchill)

domingo, 10 de junio de 2018

De la Reforma Constitucional

La reforma constitucional entra de nuevo en escena. Meritxell Batet, ministra de Política Territorial (a la sazón, ministra de Cataluña) ha defendido la necesidad de reformar nuestra Constitución como solución al conflicto territorial en Cataluña. Así, ha asegurado que es “urgente, viable y deseable”. Tras ésta, se realizarían posteriormente sendas modificaciones legislativas para restaurar aquellas partes del Estatuto de Cataluña que fueron declaradas inconstitucionales.

De ningún modo podemos plantear una reforma constitucional como premio a los secesionistas que han intentado pervertir el Estado de Derecho y destruir nuestro marco de convivencia. Sería una irresponsabilidad de consecuencias impredecibles. Las ocurrencias, en política nunca conllevan buenos resultados y aún más en esta materia.

Tras 40 años de vida, la Constitución sí necesita ciertas modificaciones para adaptarla al presente. Pero para ello deben concurrir tres elementos fundamentales:

En primer lugar un proyecto consolidado. ¿Qué artículos, capítulos o títulos queremos modificar? ¿Cuál es la literalidad de tal modificación? ¿Con qué finalidad la llevamos a término? Durante la Transición, las Cortes constituyentes eran perfectamente conscientes del qué, del cómo y del hacia dónde. De nuestros políticos actuales lo dudo mucho.
Un ejemplo. El Partido Socialista plantea una reforma de carácter federal. ¿Qué tipo de federalismo? ¿El simétrico? ¿Asimétrico? ¿Qué competencias asumen los federados? ¿Cuáles la federación? Aún no hemos obtenido respuesta.

En segundo lugar es inviable una reforma que no garantice la igualdad de todos los ciudadanos. Ya el PNV ha pactado una reforma estatutaria en el País vasco que reconoce la nacionalidad vasca y el denominado “derecho a decidir” Si reconocemos determinadas prerrogativas a Galicia, País Vasco y Cataluña, ¿será a costa del resto de Comunidades Autónomas? ¿Cómo se garantiza el principio de igualdad y solidaridad territorial? ¿Conlleva reconocer que existen ciudadanos de primera y de segunda?

Finalmente, una modificación de nuestra Constitución necesita de un amplio consenso entre las distintas fuerzas parlamentarias. Un trámite encorsetado que marca la mayoría de 2/3 de los miembros de ambas cámaras legislativas. La convocatoria de elecciones generales, la aprobación por las nuevas Cortes del proyecto y un referéndum vinculante.
Dados los objetivos de los distintos grupos parlamentarios, el consenso, a día de hoy, resulta imposible. Máxime cuando las pretensiones de los independentistas pasan por el reconocimiento constitucional del derecho de autodeterminación de Cataluña.

Por tanto, sí necesitamos una reforma que nos permita mejorar en derechos y libertades, garantizar la independencia del Poder Judicial o revisar las funciones del Senado. Sin embargo, derribar la Constitución para intentar saciar el ansia de aquellos que pretenden romper España es una gravísima irresponsabilidad. Una política suicida, que nos condenaría a todos al más absoluto de los fracasos.

viernes, 8 de junio de 2018

La soledad del 'monclovita'


Tras la toma de posesión del nuevo presidente del Gobierno hemos conocido los miembros que formarán parte del Consejo de Ministros. Un equipo, en palabras del Jefe del Ejecutivo, "abierto al mundo pero también anclado en la Unión Europea" que "aspira a representar a la mayoría de la ciudadanos", formado por "líderes respetados y reconocidos que comparten una misma vocación de servicio público y misma visión de la sociedad"

Palacio de la Moncla
Un Gobierno, competente, al menos en principio, que ha obtenido el elogio de buena parte de los líderes de la Unión y sendos sectores de la economía y sociedad. La melodía, parece pues armoniosa. Y eso, amansa las fieras.

Ahora bien, impresiona ver cómo el nuevo gobierno desagrada más a aquellos que apoyaron a Sánchez en la moción de censura que al propio Partido Popular que abandonaba Moncloa de forma precipitada. Se pone de manifiesto la dolencia que sufre desde su nacimiento: la falta de alianzas.
El Gobierno se sustenta exclusivamente en el grupo socialista formado por 85 diputados (incluimos a Nueva Canaria) Es el Gobierno más débil desde 1931. Si ya era difícil la gobernabilidad antes de la moción de censura, ahora se vuelve prácticamente imposible. Los aliados para la moción de censura ya no lo son y alcanzar acuerdos será cada vez más intrincado.

Por otro lado la aritmética parlamentaria hace que la mesa del Congreso tenga mayoría de Ciudadanos y Partido Popular, que, por cierto, ejerce la oposición con nada menos que 137 diputados. Si a esto añadimos la mayoría absoluta del Senado, concluimos que la legislatura prácticamente ha finalizado.

Desde luego, situación no es la más idílica para el Partido Socialista. Esto me lleva a pensar que el Gabinete está más dirigido a restablecer el prestigio de la marca PSOE de cara a la próxima convocatoria electoral que a la misma tarea de gobernar. La dificultad de sacar proyectos de ley adelante y la inviabilidad de gobernar dos años a base de reales decretos fundan mis sospechas.

Puedo equivocarme, pero creo que Sánchez durará lo que aguante este chute de ilusión efímera de alcanzar el poder. Pero éste ha de ejercerse y Sánchez tiene, lamentablemente las horas contadas. O mejor dicho, los escaños contados.

sábado, 17 de junio de 2017

Apuntes de la Transición II: La Ley para la Reforma Política.


Tras el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno y la conformación del mismo, se establece como prioridad la elaboración los instrumentos legales necesarios para instaurar la democracia. Como ya comenté en mi anterior post, el objetivo era cambiar de régimen, yendo de la “ley a la ley” evitando cualquier tipo de revolución que pusiera en peligro la ya de por sí frágil, situación del país.

El 10 de septiembre de 1976 se presenta ante las Cortes Franquistas el anteproyecto de Ley para la Reforma Política. Tras una tramitación no exenta de dificultades, la ley era aprobada el 16 de noviembre con 425 votos a favor, 59 en contra, 13 abstenciones, y 34 ausencias. Una ley, con rango de Fundamental, que suponía una sentencia de muerte del régimen de Franco y a la vez, el inicio de la Transición hacia la Democracia.
Fue sometida a referéndum el 15 de diciembre en el que participó el 77% del censo electoral. El resultado fue abrumador. El 94,17% de los votos fueron afirmativos. Ya no había marcha atrás.

Aprobación de la Ley para la Reforma Política
La Ley 1/1977 de 4 de enero consta de apenas 5 artículos, tres disposiciones transitorias y una final. Una norma muy breve que, sin embargo, establecía los principios elementales sobre los que se construiría la democracia. A saber:

  1. Soberanía nacional y supremacía de la Ley, bases de un Estado de Derecho (art. 1.1)
  2. Inviolabilidad de los derechos fundamentales y vinculación de los órganos del Estado (art. 1.2)
  3. La institución de la Corona (art.1.3 y art 5)
  4. La elección por sufragio universal, directo, y secreto de las Cortes. El rey tenía potestad para designar a una quinta parte del Senado. También nombraba al Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino. (art. 2)
  5. La iniciativa de reforma constitucional, que correspondía al Gobierno y al Congreso. Se establece una tramitación específica para la elaboración de la Constitución (art. 3 ap. 1 y 2)
  6. La Constitución aprobada por las Cortes será sometida a Referéndum. (art.3.3)
  7. Tramitación legislativa ordinaria (art.4)
  8. Finalmente, las disposiciones transitorias regularon los criterios a seguir para las elecciones de las Cortes, las Comisiones de los arts. 12 y 13 de la Ley de las Cortes y los reglamentos provisionales de las Cámaras.

Sin embargo, esta ley no era suficiente. Tras su aprobación desde el Gobierno se llevaron a cabo diferentes actuaciones que contribuyeron a poner fin a las viejas estructuras franquistas. Cronológicamente, mencionamos las más relevantes:

4/1/1977: supresión del Tribunal de Orden Público
4/1/1977: se retira a la jurisdicción militar las competencias en terrorismo
8/2/1977: la Junta de Jefes de Estado Mayor se vincula al Presidente del Gobierno. Días antes se prohíbe a los militares profesionales actuar en política.
8/2/1977: Los partidos políticos sólo necesitan inscribirse, sin autorización administrativa
4/3/1977: se amplía la amnistía de julio de 1976. Sólo se excepcionan los delitos de sangre con intencionalidad política.
18/3/1977: aprobación del RDL que regulabas las normas electorales. Se establece el sistema proporcional D´Hont
1/4/1977: se disuelve el aparato del movimiento nacional, se retira el yugo y flechas de Alcalá 44 y se aprueba el decreto ley de libertad de expresión e información
Sábado santo 1977: se legaliza el Partido Comunista
15/6/1977 se celebran las primeras elecciones democráticas con la concurrencia de más de 300 siglas. Se le denominó “la sopa de letras”. UCD ganaría las elecciones y Suárez sería el primer presidente electo democráticamente tras la dictadura.


Como se desprende, la actividad durante el primer semestre de 1977 fue frenética. La celebración de las primeras elecciones democráticas suponía un reto apasionante. Dotar a España de una normativa electoral moderna y legalizar los partidos (para legitimar las propias elecciones y reafirmar la Transición) eran los primeros pasos, pero no los únicos.

Avance: La legalización de los partidos El procedimiento electoral de 1977. Los resultados. Las Cortes Constituyentes.

domingo, 19 de febrero de 2017

Apuntes de la Transición I: Adolfo Suárez, Presidente del Gobierno

 El próximo 15 de junio celebraremos el cuadragésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas tras la dictadura. Dicha efeméride nos da la oportunidad de retrotraernos a los años 70 del pasado siglo y revivir uno de los momentos más importantes de nuestra historia reciente, la Transición Española.

El 1 de Julio de 1976, el Presidente Arias Navarro presentaba su dimisión al Rey. Se iniciaba así el procedimiento establecido en la Ley orgánica del Estado de 10 de enero de 1967 para la elección del sucesor al frente del Gobierno.

De conformidad con el art 14 de la norma, el Consejo del Reino debía elaborar una terna de candidatos que, por medio de su Presidente, presentaría al Jefe del Estado. De dicha lista, el Rey designaría a uno de ellos Presidente, por un periodo de 5 años. (art. 7)

Las reuniones de aquellos días fueron un juego de astucias y habilidades. El objetivo era incluir en la terna a un político joven, que no había hecho la guerra, ni escrito libros, ni pertenecido a ninguna élite dominante ni se había integrado en los círculos de poder de la época (1): Adolfo Suárez González. A juicio del Rey y Torcuato Fernandez-Miranda, era la persona indicada para pilotar con acierto la Transición. Sin embargo, la tarea no era sencilla.

Ante todo, no debía notarse que existía un candidato oficial por lo que la operación debía ser discreta. El primero en proponer a Suárez fue Miguel Primo de Rivera, junto a otros 31 candidatos. En sucesivas votaciones fueron cayendo oponentes de la talla de Manuel Fraga o José María de Areilza. Finalmente la lista definitiva la conformaron Federico Silva Muñoz, Rodolfo López-Bravo y Suárez.

A la salida de la última reunión, Fernández-Miranda comentaba a al grupo de periodistas que cubrían la noticia: “Estoy en condiciones de ofrecer a Su Majestad, lo que Su Majestad me ha pedido” Sus palabras, sin duda, constituían el pórtico de uno de los periodos más apasionantes de nuestra historia reciente.

Tras la correspondiente comunicación al Rey, D. Juan Carlos designaba a Adolfo Suárez Presidente del Gobierno (Real Decreto 1561/1976, de 3 de julio) Era, sin duda, una apuesta de futuro, no exenta de riesgos. 

BOE» núm. 160, de 5 de julio de 1976, páginas 13129 a 13129

A partir de dicho momento los acontecimientos se sucederían con una rapidez asombrosa. En menos de un año se destruyeron todas las estructuras del franquismo, se legalizó a la oposición, y se convocaron las primeras elecciones democráticas con absoluta normalidad. Ese era el camino y el objetivo: un cambio de régimen yendo de “la ley a la ley” Una transición pacífica, sin revoluciones, cuyo único adjetivo fuera el de “normal” Y así fue gracias a la Ley 1/1977 de 4 de enero, para la Reforma Política.

Avance: ¿Qué regulaba la Ley 1/1977? ¿Qué implicaba para las Cortes franquistas? ¿Cuándo se legalizó el PCE? ¿Cómo se regularon las primeras elecciones democráticas? 

(1) Ónega, Fernando. "Puedo prometer y prometo. Mis años con Adolfo Suárez", pág 56

viernes, 24 de junio de 2016

Vota, en libertad

“La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular” Con estas palabras de Juan Pablo II (1920-2005) afronto las últimas horas de la campaña electoral y la previa del partido del domingo, una final en toda regla. Las presentes elecciones son, sin duda, trascendentales; más si cabe que las del pasado 20 de diciembre. 
Vivimos un momento histórico, tanto como la misma Transición; aquella que el populismo extremista pretende denostar y de la que tanto debemos de aprender. Hoy, como ayer, España se encuentra en una encrucijada. Tiene ante sí la oportunidad de avanzar en la recuperación económica y política y, a la vez, el riesgo de caer en el más profundo de los fracasos. No son, por tanto, unas elecciones al uso. Hoy más que nunca se exige que los ciudadanos voten con libertad y con responsabilidad, decidiendo su futuro sin agravios ni rencores. 
Hace unos días leía una columna de López-Zafra titulada “El voto liberal ante el 26-J” En ella, apelaba al voto responsable ante la posibilidad de que “un partido nacido del odio tenga posibilidades reales de alcanzar el poder […]” Un populismo de extrema izquierda que, disfrazado de socialdemócrata, pretende poner en jaque nuestros derechos constitucionales, la unidad nacional, y el propio Estado de Derecho. Recuérdense, en este sentido, las palabras de Pablo Iglesias allá por 2014: “El cielo no se toma por consenso, sino por asalto” No se puede decir más con menos. 
Con la Constitución, los españoles nos otorgamos un marco de convivencia basado en el imperio de la ley y el reconocimiento y garantía de los derechos fundamentales. La libertad es uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico, materializándose en derechos como la libertad de expresión, de pensamiento, cátedra, información, prensa, religiosa o ambulatoria. Una libertad que, hoy día, se encuentra en peligro a raíz del surgimiento de estos movimientos populistas. No hay más que entrar en las hemerotecas y comprobar la veracidad de mis palabras. 
 El domingo tendremos una nueva cita con la democracia. Votar ya no es sólo un derecho sino también, una obligación. Votar libremente, por supuesto; cada uno al partido político que considere oportuno según sus criterios y principios. Pero recuerda ejercer tu derecho constitucional con conciencia y responsabilidad. Al fin y al cabo la razón debe prevalecer frente a la sinrazón.

"Quienes alcanzan el poder con demagogia terminan haciendole pagar al país un precio muy caro" Adolfo Suárez.

martes, 21 de junio de 2016

Crisis y oportunidades


Europa contiene la respiración ante el referéndum del próximo jueves en el que los ciudadanos británicos decidirán su permanencia dentro de la Unión Europea. Todos son conscientes de la gravedad de los acontecimientos y de las consecuencias de una hipotética salida de Reino Unido. El desastre no sólo sería económico, sino también social, jurídico y, evidentemente, político. El efecto imitación podría llevar a otros socios a optar por esta vía, relegando el proyecto comunitario a mera anécdota en la larga historia del viejo continente. 


Sin embargo, esta crisis puede constituir una nueva oportunidad para crecer y hacernos más fuertes. Desde 1957 el avance de la Comunidad Económica Europea -UE- ha sido progresivo. Los países fundadores establecieron las bases de un desarrollo económico, social, político que hoy, en parte, hemos alcanzado. Ahora bien, aún tenemos serios interrogantes a los que debemos dar una respuesta conjunta y unánime: el terrorismo yihadista, la recuperación económica y social, o la crisis humanitaria de los refugiados, son algunos ejemplos.  

Avanzar en la Unión implica la superación de diferentes conflictos internos derivados del complejo sistema institucional: delimitar competencias y simplificar procedimientos para instaurar un modelo más democrático y participativo. Trabajar, en definitiva, para una mayor unión fiscal, financiera, económica y política que acabe con el fantasma de la Europa a dos velocidades, que tanto ha debilitado nuestra credibilidad e incrementado el euroescepticismo. Ya en 2004,  Romano Prodi confeso que «el tren de la Unión no puede siempre moverse a la velocidad del vagón más lento. De hecho, tengo la impresión de que algunos de los vagones no quieren moverse o incluso quieren ir hacia atrás» Un riesgo que hoy día no podemos permitirnos. 

El referéndum del 23 de junio supondrá un antes y un después tanto en las relaciones de Reino Unido con la Unión Europea, como en la concepción misma de nuestra comunidad política. La coyuntura actual genera una serie de óbices y riesgos innegables. Sin embargo, también supone una oportunidad para hacer de Europa una potencia económica y política más fuerte, más democrática y más justa. 

Termino con unos versos del poeta español Antonio Machado:

"Está el hoy abierto al mañana,
mañana al infinito,
hombres de España, ni el pasado ha muerto,
no está el mañana -ni el ayer- escrito." 


jueves, 16 de julio de 2015

Más y mejor Europa

La actual crisis económica y financiera por la que atraviesta Europa ha dejado patente la fragilidad de la Unión Europea. La crisis griega ha sifo el último infarto de miocardio que ha causado el ingreso de la Unión en “cuidados intensivos”. Más allá de cuestionar las actitudes adoptadas tanto por las instituciones europeas como por el gobierno griego, quiero compartir una reflexión sobre nuestro futuro comunitario.


¿Qué Europa queremos?

Las Comunidades Europeas ( CEE, CECA y CEEA) nacieron a mediados del S. XX con el objetivo de incentivar la cooperación entre los paises europeos y formentar una solidaridad entre Estados capaz de desterrar el horror de las dos Guerras Mundiales y garantizar la paz. Tras más de 60 años, hemos logrado construir un sistema económico, jurídico y político único y sin precedentes en el mundo.

Los últimos acontecimientos ponen de manifiesto la necesidad de cambiar la perspectiva con la que construimos la Unión. Uno de los principales errores que cometemos es abordar el avance comunitario en clave nacional. Una vez que transpasamos las fronteras, debemos dejar a un lado el “yo” y emplear el “nosotros”. Es cierto que el plural abundaba en tiempos de bonanza económica pero durante la crisis, aquel “yo” ha cobrado un protagonismo casi suicida. El conflicto heleno lo corrobora.

En Grecia concurren todos los elementos necesarios del desastre. Unas cuentas públicas falseadas, nefasta gestión económica, falta de transparencia y asunción de responsabilidades...Si a estos factores le añadimos la funesta gestión política del actual gobierno populista de Tsipras, obtenemos el peor de los resultados: una Grecia hundida, sin credibilidad y a un paso de salir del Euro. Ésto último hubiera sido un fracaso tanto para el país como para toda la comunidad europea.

Ahora bien, si Grecia ha de cumplir con un estricto plan económico, marcado por una serie de reformas fiscales y estructurales, la Unión Europea no puede acomodarse en la apatía. En primer lugar debe emprender políticas que favorezcan la cooperación y la solidaridad, dos de los principios fundamentales del sistema comunitario. Es necesario transformar la UE desde sus cimientos, aportando esa visión 'transnacionalista' tan demandada y recuperar así su tradicional vocación universal. Hemos de dotar a las Instituciones de mayores competencias que les permita realizar política en mayúsculas, y crear los instrumentos necesarios para reforzar la Unión y avanzar en el crecimiento europeo.

Es hora de hacer más y mejor Europa, y éste es el camino: olver la vista atrás y recordar los principios que marcaron el inicio del gran proyecto europeo de reconciliación e integración política y económica. En definitiva, avanzar juntos para construir una Europa cada vez más libre, próspera, solidaria e integrada, lider en un mundo globalizado.
“El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.” (Winston Churchill)

martes, 14 de julio de 2015

En Libertad

"Una gota de pura valentía, vale más que un océano cobarde"
Miguel Hernández


El 20 de enero de 1961, John Fitzgerald Kennedy, se dirigía a la nación por primera como Presidente de Estados Unidos con estas palabras:
Compatriotas: preguntaos no qué puede hacer vuestro país por vosotros; preguntaos, qué podéis hacer vosotros por vuestro país. Conciudadanos del mundo: preguntad, no qué pueden hacer por vosotros los Estados Unidos de América, sino qué podremos hacer juntos por la libertad del hombre"

Con estas palabras, animaba a los estadounidenses a no permanecer impasibles ante el transcurso de la historia, sino ser parte activa en la construcción de un mundo mejor. 

A pesar del paso de los años, aquella invitación sigue más viva que nunca. Nuestra sociedad avanza a una velocidad abrumadora y es necesario que la juventud desarrolle un papel protagonista en este proceso de renovación. Necesitamos nuevos proyectos e instrumentos; nuevas ideas que refuercen los pilares de nuestro sistema democrático. En este sentido, la participación de los jóvenes no puede quedar reducida a unos mínimos, sino que han de ser los verdaderos arquitectos de nuestro futuro.

Recogiendo este testigo, nace En Libertad, un lugar en el que podremos compartir reflexiones de caracter jurídico, político, económico o de actualidad. Sin embargo, no pretende ser un blog más, más bien al contrario. Los principios que lo fundamentan son la crítica constructiva, el diálogo, la transparencia, el rigor, el respeto y por supuesto, la libertad.

Soy consciente de la dificultad del camino que emprendo. A menudo la sociedad aplaude actitudes conformistas que se atrincheran en lo políticamente correcto. Sin embargo, en el momento que rompes las cadenas y piensas por ti mismo, te insultan sin piedad. Es el precio de no pensar como ellos y no cayendo en su trampa. Estoy preparado para ello. Como decía Adolfo Suárez, no hay por qué tener miedo a nada. El único miedo racional que nos debe asaltar es el miedo al miedo mismo “

Estás en tu casa; bienvenido, en libertad.


domingo, 12 de julio de 2015

El legado de la Transición Española

España atraviesa uno de los periodos más importantes de su historia reciente. A la profunda crisis económica, que mina nuestro tejido productivo y social, hemos de añadir otra de caracter político e institucional, que ha afectado directamente a los pilares de nuestro sistema democrático. Asistimos pues a un profundo proceso de renovación similar al acontecido durante en el último cuarto del S XX, en la llamada Transición Española.

Adolfo Suárez en el Congreso de los Diputados
En este marco político, económico y social, han aparecido ciertos movimientos de caracter populista cuya utilidad a la comunidad es más que cuestionable. Entre sus pretensiones está cambiar nuestro sistema de convivencia constitucional -destruyéndolo- sin ser conscientes del importante sacrificio que supuso el instaurar la actual democracia.

No dudo de la necesidad de reformar ciertos elementos del sistema, pero “se trata, de saber realizar el cambio social con sinceridad, conjugando prudencia y audacia y eligiendo también el camino de la reforma responsable y gradual” (Adolfo Suárez González, 1976) Parece que está de moda decir que nada se hizo bien; que la Transición Española fue un fracaso. ¡Qué mala memoria! Al contrario, el principal fracaso de la sociedad actual no es otro que el abandonar en lo más recóndito de la memoria aquellos años en que el interés general de España era el fundamento de la acción política. Hoy, sin embargo, nos empeñamos en resucitar el fantasma de las dos españas, - siempre excluyentes y permanentemente enfrentadas-, mientras nuestros padres quisieron acabar con ese mito, luchando por una reconciliación definitiva.

Ya sea por ignorancia o mala fe, un sector de la política española reniega de aquel espíritu de consenso que fundamentó la Transición. Basan su discurso político en meras utopías, que adornadas con algún bramido, embaucan a la sociedad herida. Sin embargo, si arañamos tan sólo un poco, descubrimos la falsedad de sus palabras.

Ante esto, es necesario reivindicar el legado de la Transición Española. El consenso, la concordia y la responsabilidad han de guiar nuestros pasos si no queremos vernos avocados al más absoluto de los fracasos. Vivimos un tiempo fascinante en que la sociedad es parte activa de la política pero del ejercicio responsible de nuestros derechos democráticos depende directamente el futuro de España. No son exageradas mis palabras. La sociedad actual esta llamada a ser protagonista de una segunda transición que debe realizarse sobre los pilares de la primera. Hemos de seguir trabajando para construir un Estado de Derecho sustentado en la libertdad, la igualdad, la justicia y el pluralismo político. Transparencia, participación, y honradez son otros elementos clave. En definitiva, trabajar unidos para engrandecer el la España Constitucional que hemos heredado.

Somos un pueblo que ha ido superando grandes problemas. La actual crisis, en todas sus facciones, es un ejemplo de ello. Pero debemos seguir aprendiendo “la gran lección de la concordia y la vonviencia en libertad y justicia” que nos legaron nuestros antepasados.


“Está el hoy abierto al mañana.
Mañana al infinito.
Hombres de España. Ni el pasado ha muerto,
Ni está el mañana ni el ayer escrito.”